Este es el nombre del Parque Nacional alrededor de la roca, esa roca de la que os hablaba en unas entradas anteriores sobre nuestro viaje al interior de Australia. El parque en sí cubre una extensión de unos 1.300 kilómetros cuadrados, un poquito menos que la provincia de Guipúzcoa, y esta declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco.
El parque es propiedad de los aborígenes de la zona desde los años 90 y está alquilado al Gobierno de Australia que es el que lo gestiona. Dos son sus principales atracciones: el Uluru (Ayers Rock en inglés) y el Kata Tjuta (Mount Olgas en inglés también).
En primer lugar nos acercamos al Kata Tjuta a ver el amanecer. El Kata Tjuta es una formación rocosa similar al Uluru pero que está mucho más erosionada, seguramente al ser más antigua,. El viento y el agua han creado cañones, grietas y fracturas que han moldeado esta formación. Como os decía, los amaneceres desde este punto son los más espectaculares que he visto nunca, puesto que la silueta del Uluru queda al contraluz en la lejanía. Sobrecogedor. Espectacular. Si algún día la vida os trae por aquí, no hagáis caso de las guias turísticas e ir a ver el amanecer desde este punto.
El Kata Tjuta en sí, es el monte de la fotografía inferior, también sagrado para los aborígenes.
La roca es suave por la erosión de millones de años. Sin
embargo, en los cortes se aprecia que es un conglomerado de rocas unidas por el
calor y la temperatura durante millones de años. Entre sus grutas y cañones se
encuentran plantas y pájaros que solo viven aquí. Es por ello un lugar único y
especial. Al ser menos visitado que su primo Uluru es también más recogido y
espiritual. Sin duda bien merecía una visita.
Dejo para el final el punto fuerte, el Uluru. Es sin duda un
lugar especial. Esa roca tiene algo. Será porque está en medio de la nada, será
porque su roca rojiza toma varios tonos a lo largo del día según incidan los
rayos sobre ella o porque es un lugar sagrado en la cultura aborigen. No sabría
el porqué, pero es sin duda cautivadora y mágica. Está mucho más erosionada de
lo que parece. Yo la veo como un guerrero que aguanta estoicamente el paso del
tiempo, luchando por sobrevivir contra los elementos. Quizás dentro de 5.000
millones de años, por decir una cifra, ya no quede nada del Uluru. El viento y el agua
seguirán dando forma a su antojo a su silueta durante este tiempo, jugando con la roca y cautivando
a millones de personas que pasarán por aquí para verla. La base del Uluru se puede recorrer a pie o en coche, algo que no
dudamos en hacer y que recomiendo a todo el mundo. Tocar esa roca con mis manos es
algo que siempre había soñado. Alguien dijo que cuidado con lo que sueñas que
puede que algún día se convierta en realidad. Fundirme en un abrazo con ese
trocito del planeta Tierra llamado Uluru puede que sea una de mis mejores
experiencias vitales. Me moriré y esa piedra seguirá ahí en el mismo sitio.
Espero que ilumine el camino de los que habitamos este hermosos planeta para
que las generaciones que vengan detrás puedan seguir disfrutando de ella.
El Uluru es también para mí el fiel reflejo de la compleja
Australia y por qué no decirlo, de la hipocresía en la sociedad anglosajona. Solo cuando uno viene
a vivir a un sitio como este se da cuenta de lo que bien se refleja en la película
American Beauty, que es una de mis favoritas. Me explico. El Uluru es sagrado
para los aborígenes y según ellos, que son los dueños del parque, no se puede
escalar. En la base del mismo hay cartelones gigantes contando esta historia.
Pues bien, no solo no está prohibido escalar, sino que además de los cartelones
con la indicación de que no subas, está claramente indicado como subir. Además
hay un agarra-manos metálico para ayudar en la bajada. Así amigos es el lado oscuro de esta sociedad. Se jactan se tener leyes y regulaciones para todo y de ser los más honestos y currantes del mundo. Lo cierto es que es verdad,
todo está muy regulado. Pero amigos, la regulación se aplica para lo que a ellos les conviene, claro está. Si la norma está a mi favor, la aplico y saco pecho
presumiendo de legal. Si no me gusta, digo que no se hace buena interpretación
de ella y hago lo que me sale de las narices. Pongo luego una comisión para que
modifique a mi gusto la norma y luego doy carnets de honestos y demócratas a
mis amiguetes que me ayudan en el chanchullo. Todo por supuesto siendo muy
polite, educado, y guardando las formas, porque todo amigos aquí se basa en
aparentar. En marketing al fin y al cabo, como pasa con los coches alemanes. Si
al gobierno federal le importaran los aborígenes, estaría prohibido subir a la
cima del Uluru. Como se la traen al pairo, no solo se puede subir, sino que te
ayudan. Como hay que aparentar que les importan, se ponen un par de carteles,
decimos que no se puede hacer nada y quedamos muy bien a nuestros
propios ojos. Así amigos es el lado oscuro de Australia y las sociedades
anglosajonas en general. He discutido sobre esto con varios compañeros australianos y todos me
dicen lo mismo: 'es una simple roca y para mí no es sagrada'. Yo les digo que qué
les parecería si la gente se pusiera a escalar en el retablo de la catedral de
Sydney, o mejor aún en la Opéra. La respuesta es siempre la misma - '¡no es lo
mismo!'. ¡Olé, olé y olé! Así somos los humanos, creyéndonos mejores y más listos que
los demás.
Dejo la política por un rato y cierro con algo que quizás sorprenda
a alguno. Lo mejor del parque natural de Uluru-Kata Tjuta no es ni el Kata
Tjuta ni el Uluru. ¡Un momento! - me
diréis. ¡Me he tragado todo este sermón
para que me digas que lo mejor no es la roca! – alguno exclamará. Pues sí
amigos, lo mejor de todo fue el cielo. Adentrarse en el Parque Natural por la
noche a observar las estrellas quedará grabado en mi memoría hasta el día en que
me muera. Nunca antes había visto la Vía Láctea con mis propios ojos. Radiante,
cautivadora. Brillaba con tanta fuerza que hasta Marta era capaz de verla con claridad. Nunca, nunca en mi vida vi tantas estrellas titilando en el
firmamento. Teniendo en cuenta que la población más cercana tiene 27.000
habitantes y está a casi 500 km de distancia, no es de extrañar que astrónomos
aficionados de todo el mundo vayan hasta allí a ver el espectáculo. Vimos estrellas
fugaces brillar como nunca, como pequeñas bolas de fuego a la carrera. La
quinta estrella de la Cruz del Sur radiaba preciosa. Fue realmente mágico.
¡Pero que pequeñitos somos en este Universo! Precioso, maravilloso, mesmerizing
que dicen los de por aquí. Fue sin duda lo mejor de un viaje ya de por sí mágico.
Sí, esa es la palabra: mágico.














Magnificamente descrito (y fotografiado) Eres un poeta, sobrino.
ResponderEliminarUn abrazo,
Loren
Jorge, ya me gustaría ir algún día a esa montaña mágica!!!
ResponderEliminarMe gusta mucho la gente que persigue sus sueños.
Besos
Merche