Esta entrada pretende cerrar el viaje a Canberra. Lo mejor de esa ciudad es sin duda el parlamento, pero no el nuevo, sino el viejo.
Me explico, Australia combatió en la primera Guerra Mundial junto a la filas británicas. La entonces colonia inglesa deseaba construir un futuro más independiente de la metrópoli, así que tras el fin de la contienda empezó a planear la construcción de un parlamento. El problema estribaba en que no tenían el dinero suficiente para tal empresa, puesto la mayor parte de las reservas de la entonces joven colonia fueron a parar para sufragar las facturas de la madre patria. Así que el soñado gran parlamento se quedó en algo más coqueto. De ahí nace el Viejo Parlamento.
Sin saber mucho de aquitectura, diría que es de estilo colonial. Me recuerda a las mansiones del sur de EEUU que salen en las películas sobre la guerra civil estadounidense. Lo cierto es que es lo mejor de la ciudad. Un edificio coqueto, pequeño y que rezuma historia por sus paredes. Añade un guía apasionado del ciclismo que sigue la Vuelta a España y el sitio encandila.
Desde el viejo parlamento se gestó la construcción de uno nuevo, que representara la grandeza y riqueza del país. Así nace el soñado nuevo edificio, inaugurado en 1988 tras un monto total de 1.1 billones de dolares, pasando a ser el centro neurálgico de la ciudad. De dimensiones exageradas, se camufla del paisaje imitando a una colina coronada por un mástil de 80m de altura con una gran bandera Australiana.
Este parlamento a pesar de moderno, te deja frío. Decorado con mármoles y colores pálidos es un sitio sin personalidad aunque funcional. El Parlamento y el Senado están comunicados por un pasillo a semejanza del carismático Viejo Parlamento. Posee también una sala gigante de fiestas decorada con un impresionante mural aborigen, siendo esto lo más representativo. Es curioso, para mí Australia es un país de tierra roja, madera, arboledas de eucalipto, arena de playa, azul turquesa del mar, olas,...Nada de esto está en ese edificio, pero sí creo que merece la pena entrar a verlo.
Cierro como siempre con el título. Lo cierto que lo mejor del viaje a Canberra no fue ninguno de sus monumentos. Lo mejor fue coincidir con nuestro amigo Nelson. Arquitecto uruguayo jubilado de visita por el país con el que coincidimos en la puerta del Viejo Parlamento, junto con la embajada de los aborígenes que no reconocen como legítimo el gobierno de la Commonwealth. Compartimos divertidas conversaciones sobre arquitectura, comunismo, la crisis actual, Cuba, China, Sudamérica y la vida en general. Lo cierto es que da gusto compartir momentos con gente culta con la poder hablar y aprender de todo. Un abrazo fuerte desde Sydney de Marta, César y míos hasta Montevideo, desde donde sé que nos lees de vez en cuando.
Un beso fuerte a todos familia. Marta y Jorge.
PS: Ojito con los pájaros por estas tierras, que no dudan en atacar a los viandantes....



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