Una cosa me llama la atención desde que vinimos a Australia, el clima es muy variable. Al igual que en Montreal, de nada vale ver la información del tiempo en la televisión para la semana, porque es tan cambiante que no pueden acertar. Lo máximo es ver el tiempo antes de salir hacia el trabajo para saber más o menos qué día hará.
Saco a relucir el tema en la peor ola de calor/incendios en Australia desde 1939, año en el que los habitantes de Sydney salieron a las calles a dormir debido a la canícula. El aire abrasador del desierto ha venido a hacernos una visita elevando el mercurio hasta los 43ºC. Desde luego la sensación térmica es mucho mayor. Lo cierto es que nunca había sentido esa bofetada de sauna en plena calle. La mayoría de los habitantes de Sydney tampoco. Desde que el ser humano registra la temperatura en Australia, de los 20 más calurosos de la historia, 6 han ocurrido en Enero de 2013. No sólo eso, la oficina de meteorología Australiana, hoy día 8 de Enero de 2013, ha tenido que añadir un color más en su escala porque se quedaba sin números para mostrar las temperaturas. El violeta oscuro sirve ahora para marcar más allá de los 53ºC en el centro de la isla-continente.
Lo cierto es que las similitudes entre dos países tan distantes como Canadá y Australia son asombrosas. Una de ellas es la fragilidad de sus ecosistemas. En ambos países siempre me he sentido mucho más cerca de la naturaleza, de los 'elementos' que en la vieja Europa. Lluvia torrencial, frío extremo, viento huracanado y ahora calor desértico. Creo que no hay nadie serio en ambos países que no crea que el clima está cambiando. En Montreal decían que en 10 años puede que no se pueda jugar más al hockey hielo en invierno en las calles y jardines de la ciudad, lo que sería el fin de la seña de identidad del país. Eso sin contar con que el mítico paso del Noroeste es ahora navegable en verano, para regocijo mundial y dolor de cabeza de los dirigentes de Panamá, puesto que la ruta Nueva York-Los Angeles o Nueva York-Pekín es ahora más corta por el Ártico. Hasta los billonarios australianos se divierten atravesando la otrora innavegable ruta es sus opulentos yates. Aquí podéis ver algunas fotos:
Siempre me ha llamado la atención que los detractores del cambio climático se aferran a que Al Gore, su promotor más conocido, es un jeta que vive a todo trapo con avión privado, mansión y un largo etc. Que ese señor sea un hipócrita no quita para que todos nos demos cuenta de que no podemos contaminar a go-gó el planeta donde vivimos y luego esperar que no pase nada y limpiar nuestra consciencia, o debería decir engordar la cartera de algunos, diciendo que la culpa es de los volcanes, de que la abuela fuma a escondidas o mejor aún de Rajoy, Zapatero, Franco o Viritato, sírvase cada uno a gusto del consumidor.
Cierro con el título de la entrada. La Niña y el Niño, esos dos fenómenos de los que apenas sabemos nada y que provocan, debido a las variaciones en el equilibrio de corrientes marinas frias y calientes en el Pacífico, grandes variaciones en el clima de los países bañados por este océano. Sin ir más lejos en Australia La Niña se traduce en lluvias torrenciales y frescos veranos, como el del año pasado; o El Niño que nos envía una lengua de fuego como en este recién estrenado 2013.
Quizás los mayas no estaban tan equivocados y el ser humano termine por acabar consigo mismo.
Un beso muy fuerte desde Sydney de Marta y Jorge
PS: Siempre decía de cachondeo que mi sueño era ir a veranear a Écija en un coche sin aire acondicionado. No querías calor, pues toma tres tazas de infierno australiana, George
Os queremos

Sip opino lo mismo que los mayas. Hace poco vi un documental de la dos sobre rinocerontes y flipe al enterarme de la cantidad de ellos que se han extinguido por creencias estúpidas y por destrozar su ecosistema para plantar palmeras para obtener aceite...Estos documentales, que entretenidos ajjajajaja. Os quiero!!
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