jueves, 10 de marzo de 2016

I ain´t got time to bleed

Aquí va una entrada tras más de un mes ya por España y a punto de partir para Alicante a hacer despegar nuestros sueños...

Siento que apenas tenga tiempo para veros y menos para asomarme a esta ventana y compartir nuestras vivencias con vosotros; pero siempre hay que hacer un esfuerzo, así que aquí va el mío.

En realidad, no hay muchos temas nuevos que contar. Hay un millón y una cosas que me repatean de este país llamado España. A ratos me pregunto, ¿qué es lo que le atrae a la gente de esta escombrera llena de yogui compis? ¿De verdad que este país formó una vez uno de los imperios más importantes de la historia? Me froto los ojos, porque si me lo cuentan no me lo creería nunca. Es cierto, aquí fallan multitud de cosas que deberíamos empezar a reformar, empezando por nosotros mismos. Y siendo todo esto cierto, no lo es menos que en otros sitios las cosas no son mucho mejores. Es la globalización de la dictadura de la mediocridad. Con todo, está siendo un placer descubrir pequeñas joyas por el camino. Se acabó mi etapa de andar con la mirada pegada en la acera. Trottoirs usés par les regards baissés, como dice Patrick Bruel en su canción Place des grands hommes. Los edificios de Madrid lucen limpios y como recién pintados. Se acabó pensar que todo es cutre y mal cuidado. La Casa de Campo o el Parque Juan Carlos I bullen de actividad los fin de semana, cuidados y coquetos. Se acabó pensar que España no se acuerda de sus hermanos de otros hemisferios, con la estatua de José Rizal, héroe de las Filipinas, luciendo orgullosa en Canal a pesar de haber sido fusilado por la metrópoli. Y se acabó pensar que aquí no se hace nada bueno ni de interés. Dos visitas de trabajo de compañeros aussies a empresas españolas líderes en sus sectores en tres semanas demuestran lo contrario.

En el fondo, veo a Europa y a España en particular como el adolescente proveniente de una familia aristocrática venida a menos y que está acostumbrado a que papá le saque de todos los problemas con el dinero heredado de la familia. Pero mira por donde, el dinero se acabó y papá (el Estado) ya no puede más. El adolescente se cabrea, patalea y añora la vida pasada llena de opulencia y grandeur. Pero todo aquello se acabó y el dinosaurio de la administración pública, que no deja de recordarme a la URSS por lo burocrático, por ser un dinosaurio andando pesadamente en la etapa de internet; terminará cayendo por su propio peso. A pesar de ello, este mes me ha servido para saber separar el grano de la paja. Como diría Jesse Ventura, ex-SEAL, ex-luchador de pressing catch y ex-senador, en la película de Predaror. I ain´t got time to bleed (no tengo tiempo para sangrar). Hay que luchar por lo que queremos, tener un objetivo y echar toda la carne al asador para  llegar allí. Nunca hay que rendirse amigos. Nunca. Llegaremos.

Un saludo.

Os quieren Marta y Jorge.




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