miércoles, 7 de octubre de 2015

Québec Octubre 1995


Este mes hacen veinte años desde el último referéndum de independencia del Québec. 

Efectivamente, el 27 de Octubre de 1995 se celebró allí el último referéndum sobre la soberanía del Québec, en el que ganó el no a la independencia por un estrecho margen de 50.000 votos con un porcentaje de participación por encima del 90%. Ya os hablé en su día en alguna entrada antigua sobre ello, pero leyendo un poco más sobre el asunto coincidiendo con la efeméride, me quedo pasmado al pensar cómo es posible que los políticos patrios no hayan aprendido las lecciones de entonces. Seguro que esta fecha no levantará ni una triste línea de cabecera en ningún periódico nacional, pero aquí va mi primera entrada para este mes.

Lo cierto es que siempre me ha atraído conocer un poco más sobre la historia del Québec y más habiendo pasado allí una breve, pero intensa temporada. Antes de ir ya sabía un poquito sobre la llamada Revolución Silenciosa, el terrorismo del Front du Libération du Québec (FLQ) y sobre la celebración dos referéndum de independencia, el último de ellos ganado por un estrecho margen principalmente debido al voto masivo de los allophones (los que en casa no tienen como lengua materna ni el francés ni el inglés) a favor del ‘no’. Pero no fue hasta vivir allí cuando conseguí entender solo un poco mejor los entresijos de aquella región. Buena parte de la culpa la tienen los taxistas argelinos que me llevaban de un lugar para otro en los innumerables viajes en taxi que tenía que hacer por aquellos días. 

No quiero repetir en estas líneas la historia de sobra conocida y al alcance de un clic de ratón; pero si me gustaría trazar algunos paralelismos para los incrédulos ibéricos. En 1995, el Primer Ministro de Canadá era un quebecois, Jean Chrétien, contrario a la independencia. El mar de fondo para la celebración de dicho referéndum fueron las reformas constitucionales tras el referéndum de 1980 y que Chrétien creía que podría acabar con el soberanismo jugando en su propio terreno y dándoles una lección. Primera enseñanza que saco yo de todo aquello, nunca podrás contentar a alguien al que no se le puede contentar en un juego de suma cero, nunca, never, jamais. El gobierno federal pensó que en 1995 acabaría de una vez por todas con el soberanismo y estaba confiado en ganar fácilmente (igual que Cameron en 2015 en Escocia). La pregunta escogida, fue cuanto menos poco clara, porque en teoría el referéndum solo permitía reconocer al Quebec como entidad soberana, pero no como país independiente. Esto era lo que se creían en el gobierno federal, porque de haber ganado, el Parti Quebecois, como más tarde reconoció su propio líder, Jacques Parizeau, hubiera declarado unilateralmente la independencia y papá Francia (la grandeur siempre financiando al separatismo quebeco) la hubiera aceptado de inmediato, como reconoció también en su día Jacques Chirac. Segunda enseñanza, si piensas que los que quieren asaltar la soberanía acatarán las reglas de juego llegado el momento, lo llevas claro. Tercera enseñanza, si piensas que los que están deseando clavarte un puñal por la espalda te ayudarán cuando pinten bastos, lo llevas más negro aún. El caso es que el sí fue ganando momentum, a pesar de que el gobierno federal se apresuró a enfatizar los problemas económicos que acarrearía la secesión. Cuarta enseñanza, cuando se habla de sentimientos la racionalidad no sirve de mucho. Ya te pueden decir que estás enamorado de la persona que te llevará a la ruina, que hasta que no te veas debajo de un puente no te darás cuenta de tu error. Esto nos diferencia de las máquinas y es que en los humanos, los sentimientos solo se pueden combatir con sentimientos y con unas gotas de realismo. Al final, el 'no' ganó por unos 54.000 votos de diferencia, principalmente por el voto urbano en el oeste de Montreal. Quinta enseñanza, el campo vota masivamente ideas ligadas al terruño, a la tribu; la ciudad vota masivamente a opciones más integradoras. Normal entonces que para cualquier nacionalista el adjetivo "cosmopolita" haya pasado a ser peyorativo y si no hagan la prueba con los cebolludos ibéricos. El gobierno federal canadiense se vió en el otoño de 1995 con el agua al cuello y no tuvo en ningún momento un plan preparado por si ganaba el 'sí', dejando a la declaración unilateral de independencia como la opción más probable. Sexta enseñanza, si te metes en el berenjenal del referéndum ten un plan A por si ganas, un plan B por si pierdes y un plan C válido en ambos escenarios para evitar una guerra civil. El discurso de Chrétien nada más conocer los resultados es bastante esclarecedor. Un referéndum conlleva asociado intrínsecamente un desgarro en la sociedad que necesita reconciliación posterior sea cual sea el resultado. Quien juega con sentimientos se puede llevar con parecida probabilidad un beso apasionado o una coz en el trasero.

Alguien se preguntará como terminó aquella historia. Pues bien, la constitución de Canadá se modificó para declarar al Québec como una nación dentro de un Canadá unido (¿menudo dejà-vu eh?). Además el Tribunal Supremo decretó una serie de leyes (Clarity Act) para la celebración de futuros referéndum (nadie duda que puedan haber más en el futuro). Séptima enseñanza, si abres el melón, al menos planifica bien las reglas de juego porque vas a tener desafíos cada cierto tiempo. Las nuevas reglas se basan un una pregunta clara y un porcentaje de voto claro, supermajority, para el ganador; además del dinero máximo que puede gastar cada una de las partes en la campana. También clarifica que las fronteras del nuevo estado resultante estarían sujetas a discusión para reconocer el derecho de autodeterminación de los diversos pueblos dentro de la nueva nación.

Bajo mi punto de vista, la independencia en 1995 no ganó porque el nacionalismo quebecois es eso que ahora se denomina nacionalismo étnico, que no es más que el eufemismo cursi empleado hoy para denominar a un nacionalismo sustentado en xenofobia y racismo. Nous, los pure-laine, el pueblo elegido, los que queremos mandar. Les outres, vous, la chusma a currar para nosotros y a callar con lo que toque. Quien no me crea que se escuche el discurso improvisado (no pensaban que iban a perder) post referéndum del líder Jacques Parizeau en la noche del 27 sobre lo que él llamó el "vote ethnique". Normal que los allophones le mandaran a freír espárragos. Ellos tenían muy claro que serian ciudadanos de tercera en la sonada Ítaca cebolluda. Desde entonces, el soberanismo ha ido perdido fuerza en Québec, aunque su importancia se siga respirando en el día a día del ciudadano de a pie. Por el camino, algo que no se suele mencionar, Montreal pasó de ser la primera ciudad canadiense a la segunda (tras Toronto) y hoy en día anda camino del tercer puesto (tras Vancouver) e incluso del cuarto, precio del barril de petróleo mediante (tras Calgary). Aunque no nos auto engañemos, a este lado de la trinchera, aquí tampoco nadie nos ha dado vela en los chanchullos que se marcan las élites. Hasta que no pongamos nuestro granito de arena para derribar a la dictadura de la mediocridad no podremos ser verdaderamente libres.

Cierro con una última reflexión. El nacionalismo catalán, no así el vasco, se ha pasado treinta años trazando paralelismos con lo ocurrido en Québec para replicarlo en España. No solo el nacionalismo, una famosa exministra del PSC se doctoró sobre el tema y cursó estudios en universidades de Laval y Montreal. A pesar de todo, ¿qué lecciones se han aprendido de todo aquello? Me temo que la dictadura de la mediocridad no nos deja ver más allá del Marca. Con todo y con eso, personalmente me quedo con dos hechos acaecidos tras el 1995 en Canadá. Hoy el Quebec es reconocido como una nación dentro de la constitución canadiense, el país no se ha desintegrado y al ciudadano de a pie todo este politiqueo se la trae al pairo. A pesar de ello, el Parti Quebecois (que estuvo en el poder en la pasada legislatura) sigue martilleando con más referéndums hasta el infinito y más allá. Como me dijo un taxista argelino camino del aeropuerto Pierre-Trudeau de Montreal (ironías de la vida, otro Primer Ministro de origen quebeco contrario al soberanismo), “el día que me jubile me largo de esta sociedad enferma”. 

Cualquier parecido con la península ibérica en 2015 es pura coincidencia. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

PS: Para el que tenga curiosidad aquí dejo algunos videos.

Esto es lo que pasó esa noche, contado por la CBC:


Este fue el discurso de Jacques Parizeau del Parti Quebecois favorable a la secesión tras conocer el resultado.



Y este el de Jean Chrétien, Primer Ministro del Canadá en 1995.


Os quieren.

Marta y Jorge.

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