Últimamente mi mente bulle, hierve con ideas y reflexiones como hacía mucho. Quizás es porque tengo más tiempo para ello. Quizás porque me hago más maduro. No lo sé, pero ahora mismo es un torbellino imparable que me grita que quiere más. Por desgracia para mí, los días solo tienen veinticuatro horas. Ahora tengo muy presente aquello de que el tiempo es oro y lamentablemente es cierto. En cualquier caso, aquí he encontrado un poco de tiempo para escribiros sobre un tema al que le vengo dando vueltas durante mucho tiempo y es el desfase que existe entre la realidad y las buenas prácticas. No os asustéis, no es un tema tan político como pudiera parecer a simple vista, o quizás sí.
Esta semana tuve un taller generalista sobre la cultura en el trabajo, es decir de cómo nos relacionamos, trabajamos juntos, las interacciones con el exterior, etc. Obviaremos nombres y detalles para no herir sensibilidades. El caso, es que durante la sesión alguien dijo algo así como - en el sector público es posible no mentir, no es como el sector privado donde todos sabemos que se miente a espuertas para conseguir objetivos. Aquello me chocó profundamente, fundamentalmente porque la mayoría de la gente estaba de acuerdo con semejante argumentación y lo peor de todo es que pocos eran conscientes de que no hay diferencias entre el sector público y privado en este aspecto. Lo más increíble de todo fue ver como todo el mundo daba por hecho en esa reunión que el éxito de una empresa, ¿acaso la vida en sí misma no es una empresa personal?, se basa en tu éxito para saber mentir bien. Con esto comulgaban todos los responsables allí presentes. No me pararé esta vez a hurgar en el hecho irrefutable de la mediocridad de la gran mayoría de ellos; gente que no sabe hacer la O con un canuto, algunos con más ficción en su currículum que la saga completa de La Guerra de las Galaxias, y que han acabado en sus puestos por otros motivos. Y lo de estos señores pasa no sólo en España, sino en todo lugar donde habiten los humanos. Esta es señores lectores la tremenda realidad que no alcanzamos o no queremos ver. Llevo ya unos cuantos libros y cursos sobre management, inteligencia emocional, risk assessment, emprendimiento, gestión, etc. y no he encontrado en ninguno de ellos que mentir, mentir bien sea la clave del éxito para nada, y sin embargo la universidad de la vida te señala la dirección contraria. Por ello, en 2015 la gente todavía se asombra de accidentes muy llamativos y terriblemente trágicos como el de tren de Santiago, o el de avión de Sevilla. Me parece lamentable y triste, pero personalmente no me sorprenden lo más mínimo. ¿Pero de verdad somos conscientes de cómo funciona el mundo? Porque sí, podemos leer y teorizar tan largo y tendido como queramos sobre lean manufacturing, six-sigma, producción just-in-time, theory of constraints, systems engineering, y todas las buenas praxis que se nos ocurran; pero sin dejar de ser cierto que esto existe, son pequeñas islas de excelencia en un mundo que no es así. Atolones de coral en medio del Pacífico. Adjudicar contratos con bajas temerarias, empezar la construcción sin tener el diseño acabado, inaugurar obras el día señalado por deseo del político de turno cueste lo que cueste y todo tipo de incongruencias a cada cual más temeraria, que en algunos ámbitos son tipificables como delito, son el pan nuestro de cada día de cualquier ingeniero. Cada vez la ciencia avanza más, pero el hombre menos. Bajo mi punto de vista el problema radica en el alejamiento entre un mundo ideal de papel y el día a día de Mr. Mentira que es el que tiene las riendas de la realidad, por desgracia, en demasiados casos. Esta, que es la realidad que veo en el microcosmos de la ingeniería, estoy seguro que es aplicable a cualquier sector, incluida la política, y quizás incluso a la vida personal de muchas personas. Al fin y al cabo es aquí donde entroncan muchos de los problemas y desafíos del futuro de la sociedad y es que mientras el reinado de Mr. Mentira sea rentable política y económicamente, mientras sea aceptado por el populacho como un mal inamovible, quizás necesario, seguiremos sintiendo en nuestras carnes las consecuencias, en ocasiones terriblemente trágicas. Por suerte o por desgracia (para ellos), siempre quedaran héroes; héroes anónimos y mal pagados que se dejaran los mejores años de sus vidas y sus horas de sueño por las noches intentando minimizar las tropelías de Mr. Mentira. Aunque a veces, los héroes no son suficientes…
Un saludo.
Os quieren Marta y Jorge.
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