viernes, 25 de abril de 2014

Dictadura de la mediocridad

Creo que esta canción le viene bien a esta entrada:


En la última visita a España, algunos familiares y amigos me dijeron que me veían triste, apagado. Hay algo de verdad sobre ello. Más que tristeza es desaliento. Os cuento el porqué. 

Creo que me he llevado dos grandes decepciones en lo que llevo de vida. La primera fue cuando empecé a trabajar. Ingenuo de mí, salí de la universidad pensando que cuanto más estudiaras y más trabajaras más lejos llegarías en la vida. También pensaba que las empresas privadas se preocupaban por sus clientes y por hacer las cosas bien. Error. En el mundo real importa más quien sea tu amigo, tu padrino, que seas del Opus o de la UGT a que seas un buen trabajador. Respecto a la empresas, qué decir. Importa más trincar para seguir subiendo que intentar hacer un buen trabajo. Dentro de mí, pensaba que bueno, eso pasaba en un país corrupto como España, pero que sería diferente en el extranjero. Error de nuevo. Llevo ya tres años entre Francia, Canadá y Australia y el patrón es exactamente el mismo. Aunque nos quieran vender estereotipos, estos países en teoría punteros funcionan exactamente igual que la vieja piel de toro de la Península Ibérica. 

Aunque no lo queramos reconocer, desde que ponemos un pie fuera de nuestra casa, vemos el mundo con unas gafas polarizadas que solo nos dejan pasar un mundo filtrado. Ese filtro, no es más que el bagaje personal de cada uno: ambiente cultural, familiar, religioso, económico etc. Aunque nos creamos independientes y objetivos no lo somos. Nuestras gafas polarizadas nos lo impiden serlo. Yo salí de mi casa creyéndome muchos de los credos con los que la sociedad me ha martilleado durante mucho tiempo. A los treinta años de edad, me doy cuenta de que son todos mentira. Os pongo un ejemplo práctico. Últimamente en mi trabajo me invitan a los comités donde se toman algunas de las decisiones técnicas importantes del proyecto. Decisiones que cuestan millones de dólares. Pues bien, de los miembros que allí se sientan, ninguno tiene experiencia previa, ni saben de los detalles que allí se discutirán. Puedo preparar documentos extensos con las implicaciones de cada alternativa. Nadie los lee antes de las reuniones y las decisiones se toman en minutos aunque el interlocutor no diga más que tonterías que sonrojarían a cualquier persona con algo de experiencia en el sector. Y así amigos se dilapida el dinero público. Muchos de los asistentes juegan con sus móviles a la espera de que se acabe la sesión. A la mayoría solo les preocupa su nómina y como subir para ganar más dinero. Es un club de amigotes corrupto, en el que se entra con enchufe y en el que se permanece mientras calles los chanchullos de los demás. Porque la ley no escrita es que si tu callas, ellos callaran tus chanchullos futuros. Y esto es así todas las semanas.

Es por ello, por lo que siento desaliento. En el fondo me imagino que todo funciona así. Ya me imagino las reuniones en la Casa Blanca donde alguien dice: ¡Invadamos el país X! Seguro que esa misma persona tiene muchos asesores muy buenos que le preparan extensos informes. Da igual, porque los que toman las decisiones en este sistema son los más mediocres. Es una verdadera Dictadura de la Mediocridad global. Y lo es, porque para acceder a esos puestos no se valora la valía de las personas, sino otros parámetros. Claro, que los que están dentro, se esfuerzan por contarnos las bondades del sistema. ¡Cómo no lo van a hacer! ¿Dónde van a cobrar tanto sin saber hacer la O con un canuto? Esta es la razón de mi amargura de los últimos meses. Pero también estoy orgulloso en cierta medida de mí. A pesar de mis gafas polarizadas, creo que pude por un segundo lleguar a ver el mundo tal y como es. Tal y como lo vería una mirada pura. Algunas de las cosas que he visto son descorazonadoras. Las que más me duelen son las siguiente:
  • No hay ni buenos ni malos, ni ideologías, ni estereotipos; simplemente asistimos de espectadores a una lucha entre ricos de diferentes nacionalidades por hacerse aún más ricos. Reza para que el sitio donde vivas no sea el escenario de esta lucha.
  • El dinero público no le importa a nadie y se dilapida con alegría. Esto pasa en España, en Canadá, en USA y si me apuran hasta en Marte. Se utiliza para enriquecerse y ganar poder.
  • El dinero público se roba lo máximo posible y lo más rápido posible.
  • Los gobiernos gobiernan contra su gente con menos recursos si así lo requiere el punto primero de esta lista.
  • El "sueño americano" es mentira hasta en América. De la lista de los 10 hombres más ricos del planeta, sólo dos (Amancio Ortega y Larry Ellison) no vienen de familia rica. Porque amigos, sí Bill Gates montó Microsoft en el garaje de su casa. Lo que no es tan conocido es que su papá ya era multimillonario cuando esto ocurrió y que le prestó unos cuantos millones de dólares para empezar su aventura. Dicho lo cual, no le quito mérito al pobre Bill, pero la casilla de salida con los millones de papá bajo el brazo no es la misma que si sales de la escuela pública.
  • En España y en general en el resto del mundo, llevan gobernando los mismos durante siglos. Cambia la forma, pero la dictadura de la mediocridad ya lleva tiempo implantada. Durante la Transición española, el gobierno de Suarez publicó la lista de las personas con un patrimonio mayor a 1.000 millones de pesetas de entonces. Se publicó hasta en el BOE. He intentado buscarla en internet durante horas sin éxito. Menos mal que mi memoria no me falla, porque lo leí hace no mucho. Normal que se quieran borrar las huellas. Las familias ricas en España tras la muerte de Franco, son las mismas de hoy en día. Ahí está la aristocracia vasca, catalana y madrileña. Apellidos conocidos por todos como Entrecanales, Botín, Grifols, etc llenan la lista. También las familias de origen alemán que a más de uno le daría un infarto si se investigara de donde vienen sus fortunas.


Así amigos es como se me cayó la careta del mundo en el que vivimos. Que sea tan mediocre me da mucha pena. Pero también me he hecho una promesa a mí mismo. Yo no quiero ser así. No por nada en especial, sino porque me carcomería el alma. Aunque a veces sea un Don Quijote enfrente de unos gigantes, y aunque sepa que la batalla esté perdida, la dictadura de la mediocridad no podrá conmigo ni con mis ilusiones. Se lo debo a los míos y a mi fiel escudera Marta. Espero que las estaciones pasen como en la canción que abre la entrada y siga conservando el mismo espíritu.

Un abrazo familia.
Os quieren Marta y Jorge.


1 comentario:

  1. Me gusta como termina esta entrada y es con loa ue te tienes que quedar. Yo siempre digo "no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita". Pensamientos de pobres? Puede parecerlo para algunos, para mí es la opción más sabia. Un coche por muy lujoso que sea se terminará estropeando, una casa deteriorando. Nosotros también nos deterioraos, pero que cuando eso vaya pasando echemos la vista atrás y podamos decir que no hemos tenido un porche pero sí gente autentica a nuestro lado que nos ha querido y nos quiere. Eso amigos no hay dinero que lo pague y el que piense que sí, que reflexione porqué una gran mayoría de gente famosa (actores, cantantes...) se termina suicidando cuando aparentemente no les faltaba de nada.
    "no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita".

    os quiero!!!

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