Hoy ha sido el primer martes de Noviembre, y por estas latitudes eso solo significa una cosa: la Melbourne Cup.
El año pasado os contaba como esta carrera de caballos, la más importante del hemisferio sur, es capaz de paralizar al país durante unos instantes. Como ocurriera en 2012, este año también hubo porra en la oficina. Lo cierto es que mi ánimo no era el mismo este año. Quizás porque ya no fuera una novedad para mí, quizás porque ando más liado a la oficina. En cualquier caso, como no podría ser de otro modo, participé una vez más en una de las porras. Para ser exactos en la barata de $2 por cabeza, siempre por esa manía mía de no llevar dinero suelto encima. Como fuí uno de los últimos en apostar, apenas quedaban números disponibles. Este año iba un poco más informado y ya sabía de antemano alguno de los nombres de los caballos que iban a competir bajo el soleado cielo de Melbourne. Entre los nombres, había dos de origen español, los nombres que no los caballos: Ibicenco y Sevilla. Me hubiera gustado sacar el nombre de uno de ellos, así que cuando salió el nombre de Fiorente no sentí nada especial. Busco en internet información sobre mi caballo de este año. ¡Es el favorito en todas las apuestas! ¡Diablos, tenía que haber tenido más dinero a mano para apostar más!
Así llegué hasta las tres de la tarde, cuando me dirigí a la cocina de la oficina que estaba abarrotada. Mucha más gente que el año pasado. Se nota que la planta del edificio tiene más gente. Había también mucha más comida disponible y hasta una mujer vestida con sus mejores galas, entre las cuales no podía faltar el sombrero rimbombante, o ridículo si no somos políticamente correctos. Las agujas del reloj marcan las tres en punto cuando las barreras de la salida de abren y los animales salen en estampida. Charlo alegremente con unos compañeros sobre Michael Owen, el ex-futbolista del Liverpool y Real Madrid que ahora se dedica a criar caballos de carreras con cierto éxito, mientras picoteo un poco de queso. No presto atención hasta la recta final, donde desaparecen los números de la pantalla y no sabes quién va primero, a no ser que tengas vista de lince. El ganador por una cabeza es.....¡Fiorente! ¡Mi caballo! ¡Qué he ganado! ¡He ganado! ¡Increible! Oe oe oe oeeeeeee. Tecleo rápidamente un mensaje a Marta con la noticia. Mi botín asciende a unos míseros $20, pero salgo de la cocina con una sonrisa de oreja a oreja, porque amigos solo tres veces en mi vida he ganado algo y me acuerdo de las tres a la perfección.
La primera vez fue en el circo en Colmenar. Tendría unos 8 o 9 años cuando fui con mi madre al Parque de las Vegas en Colmenar al circo. Lo cierto es que nunca me gustó el circo. No le encuentro atractivo y lo veo muy repetitivo. Bueno, el caso que hicieron una tómbola entre los pocos niños que estábamos allí y gané yo. Como premio podía elegir entre varias cosas que habían sacado al escenario. Escogí una bomba de aire, de esas de pedal de color azul, para poder inflar las ruedas de mi bici. Era una bomba usada, pero me daba igual, había ganado algo. Fijaros si quedó imprenta en mí en áquel momento que aún lo recuerdo a la perfección. Mi segundo encuentro con el azar fue hace dos años con motivo de la pasada Eurocopa. Se convocó una porra en la oficina, ya aquí en Sydney, y quedé segundo de la misma. Aquí había más dinero en juego y me dió rabia no ganar puesto que fui liderando la clasificación desde el principio, y hubiera ganado si no fuera porque el sistema de puntuación no había quien lo entendiera. Al final, me dió igual puesto que España ganó de nuevo y así se lo pudimos restregar a los franceses e ingleses de la oficina. Mi tercer encuentro con el azar, lo habéis leido descrito en los párrafos anteriores. Creo que me acordaré de todas estas ocasiones de por vida. ¿Por qué? No tengo explicación racional. Quizás siempre he pensado que soy un tio con mala suerte. Siempre suelo decir, que si no me ha pasado a mí antes, es que no puede ocurrir nunca. Esto me ha hecho reflexionar muchas veces sobre qué es la suerte. ¿Como se mide si uno tiene suerte en la vida? ¿Hay algún baremo para medir el éxito o el fracaso? Si son cosas tan sutiles, ¿por qué nos preocupan tanto? Aquí os dejo estás preguntas abiertas a las que intentaré dar respuesta en otra entrada. Mientras tanto, os dejo algunas fotos del día de hoy. El día en que gané la porra de la Melbourne Cup en la oficina de Sydney.
Os queremos mucho familia. Besos para todos los lectores del blog.
El ambiente de la oficina momentos antes de la salida
Finalmente, la foto del botín para el ganador.



La suerte o la mala suerte dependen de lo que cada uno tenga en su escala de valores. Para unos tener coches, bienes materiales, muchos ligues, un puesto con buena posición... Yo creo que está más ligado a la confianza que tengas en tí mismo. Sólo tienes que darte cuenta de como cambia tu forma de ver las cosas cuando estas en tú país y cuando no. Cuando estas fuera sientes que todo te sale mejor, quizás no tenga que ver con que tengas más suerte. Sino que tienes una actitud más positiva hacialas cosas y eso hace que te salgan mejor. O eso he llegado a deducir yo de mis experiencias!!
ResponderEliminarOs queremos!!