jueves, 1 de agosto de 2013

Hablar de lo que a uno no le gusta

Ultimamente la producción de este blog ha disminuido, pero el caso es que mantenerme ocupado en otras actividades seca mi faceta de escritor o blogger como dirían por estas tierras. Sin embargo, siempre me gusta asomarme aquí a contaros algo. Hoy tampoco me apetece hablar de Australia, sino de un tren que un dia gris descarriló los caminos de muchas personas. 

Reflexionando, me doy cuenta de que le debo mucho al tren. Aun recuerdo como me apunté a la asignatura de ferrocarriles en quinto de carrera un poco de casualidad, simplemente pensando en las buenas oportunidades de futuro que ofrecía el sector. No me equivoqué. Se que sueña extraño, pero algunas de las mejores decisiones que he tomado nunca en mi vida las tomé simplemente porque sabía que iban a salir bien. Que cada uno lo achaque a quien más le guste: Dios, Mahoma, el destino o el karma; pero siempre ha habido algo dentro de mí que me hizo y me hace lanzarme por un camino determinado. El caso es que el tren no fue una excepción. Gracias a él he podido conocer un poco más de este hermoso planeta y de las peculiares culturas que lo habitamos, así que no es de extrañar que ver la imágenes de aquel tren descarrilando fueron un duro golpe en mi conciencia. Precisamente ese día me levanté pronto porque tenía que ir de pruebas con un tren por este lado del planeta. No eran ni las 5:30 de la mañana y mi teléfono ya hervía de mensajes. No voy a entrar en detalles, pero sí quisiera compartir contigo algunas cosas sobre el accidente.

En primer lugar, el papel de los medios de comunicación es vomitivo. Creo que el único medio que se ha salvado algo ha sido El Pais, y lo digo sin ser un lector asiduo. Que pseudo-expertos de medio pelo, por todos concidos en el sector, aparezcan en las portadas diciendo cualquier tontería oportunista para ganar popularidad da cuanto menos que pensar sobre el nivel de los medios de comunicación. Aunque sin duda no es el trato de los medios lo que mas me ha dolido, sino para variar, nuestros dirigentes. Que el presidente de Adif o Renfe hayan dado las entrevistas que han dado denota varias cosas. La primera que son cargos políticos dados a dedo y que no tienen ni idea de ferrocarriles, esto así dicho educadamente. Segunda, que deberían despedir a sus asesores ya que o bien tampoco saben nada de ferrocarriles, que lo dudo, o bien no tienen el valor suficiente para decirles a sus jefes que no salgan a hacer el ridiculo. Cualquier currela del sector, que cobra bastante poco, sabe bastante más de los aspectos técnicos del sistema que estos señores. Pero esto no es lo peor. No lo peor son los perros que se dedican a la política e intentan arañar votos sobre los ataudes de los muertos. Con este panorama será bastante difícil aprender de los errores cometidos. Sé que es triste, pero la próxima vez que un político se acerque a pedirme el voto creo que le diré un par de cosas que quizá no le guste. Es triste, porque pienso que la generación de mis padres y mis tíos, que vivieron el final de la dictadura, quizá anhelara una sociedad más justa y abierta con la llegada de la democracia. Siempre recordaré como mis padres me contaron como fueron a su primer mitin en Cornellá después de la dictadura cagados de miedo. Había miedo, pero habían sueños sobre un futuro mejor para sus hijos. Hoy más de treinta años después, creo que aquellos sueños y anhelos hace tiempo que quedaron hechos añicos. Hemos descubierto que eso que llamamos democracia, aplicada a nuestro páis, no es más que el mismo mangoneo de unos pocos. Y con ello llego al fin de esta entrada. Si hemos llegado a el punto donde los mediocres son los que mandan, luego no nos sorprendamos del espectáculo dantesco que ello acarrea. Quizá sea el momento de que todos hablemos un poco de lo que no nos gusta. Mientras tanto habrá que aprender a reír cuando uno pueda y a llorar cuando lo necesite.


PS: Desansen en paz las victimas del terrible accidente de Santiago. Como ingeniero de ERTMS las llevaré presentes en mi trabajo allí donde esté.

Os quiero familia.

Marta y Jorge


1 comentario:

  1. Querido Jorge.

    Me he acordado mucho de ti estos días y aprovecho esta oportunidad para mandarte un emocionado abrazo. Compártelo con Marta.

    Os queremos.

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