Walter y Marion Griffin fueron una pareja de arquitectos de Chicago que recibieron el encargo de construir una nueva cuidad, pero no una ciudad cualquiera, sino la capital de un nuevo estado. Canberra, la capital de Australia, nació de la escuadra y el cartabón de los Sres Griffin para acabar de una vez por todas con la rivalidad entre Melbourne y Sydney, siendo Melbourne la capital del recién creado estado y Sydney, la metrópoli pujante. Se creó incluso un nuevo territorio, el Australian Capital Territory o ACT en sus siglás en inglés, para evitar favorecer a ninguno de los estados rivales. Así pues, una vez encontrada la ubicación ideal en pleno bush cerca de las Montañas Nevadas (Snowy Mountains), los señores Griffin se pusieron manos a la obra. La construcción de la ciudad empezó sobre el 1908, pero como podéis ver en las fotos históricas, por aquella época no había mucho que reseñar...
El caso es que los Sres Griffin quisieron crear la ciudad del futuro allá por los años 30s del siglo pasado y el resultado, bajo mi humilde punto de vista, es una aberración que se debería enseñar a los niños el día en que el petróleo escasee. A mí si me lo preguntaran, diría que Canberra fue diseñada por un magnate del petróleo tejano en lugar de por un arquitecto. La ciudad es inmensa en extensión, y si no os lo creéis aquí va un dato. Según la Wikipedia, Madrid ciudad tiene una extensión de 606 km2 y unos 3,5 millones de habitantes. Canberra, agárrense los machos queridos lectores, tiene 814 km2 para una población de 350.000 habitantes. El resultado es una ciudad que no está modelada para el hombre sino para los coches. Por las kilométricas y arboladas aceras de Canberra no pasea nadie. Es más, el alcalde debería de ser un coche porque a buen seguro que hay más vehículos que personas. Los pobres seres humanos se refugian de la desolación en las zonas peatonales, ciertamente coquetas, de la ciudad. Qué horror, qué vacio! Los Sres Griffin diseñaron una ciudad donde la gente viviría en el bosque en contracto con la naturaleza y bajaría a la ciudad a trabajar. El resultado es una ciudad donde no se ve a nadie por ningún lado. Pienso que durante la semana con el bullicio de las embajadas y oficinas algo mejorará, aunque me temo que las aceras seguirán esperando desangeladas a que alguien ose a gastar un poco de su suela sobre ellas! Me da que pensar que gente inteligente como los Sres Griffin imaginaran el futuro así, deshumanizado, sin alma. Me dicen por la línea interna que no me queje, que Brasilia, la capital de Brasil creada bajo circunstancias similiares, con sus 'supercuadras' es bastante peor. Deberían hacer un estudio filosófico sobre ambas ciudades. Yo lo titularía ´La deshumanización del alma a través de la arquitectura´. Hace mucho tiempo vi un documental en La Dos sobre la inmigración española de la posguerra en Australia; creo que ya lo he mencionado aquí anteriormente. En él salía el hijo arquitecto australiano de un inmigrante andaluz. En su oxidado castellano, contaba como su padre le hablaba durante sus estudios de las maravillas arquitectónicas de Europa y de España en particular. Aquel hombre recordaba medio sollozando en el programa que no le hacía mucho caso a su padre español, pero que cuando por fin viajó a España después de sus estudios, no pudo parar de llorar el día que vio con sus propios ojos la mezquita de Córdoba que construyeron sus antepasados! He recordado ese pasaje del programa durante todo este viaje a Canberra. Dejo una reflexión al aire en este punto. Se nos llena la boca de hablar sobre un futuro mejor para las próximas generaciones: mejoras en la salud, en la educación, comunicaciones, tecnologías... A pesar de ser ingeniero pienso que todo eso no vale para nada. El futuro se construye con un saludo cuando uno entra en el ascensor, con un buenos días y una sonrisa por la mañana en la oficina al compañero, con un beso lleno de cariño a alguien al que queremos, echando una mano desintesadamente a alguien que lo necesite...Quizás si todos empezáramos por esos pequeños pasos, no necesitaríamos imaginar un futuro que nos obligue a vivir a kilómetros los unos de los otros como los habitantes de hoy en Canberra....
Adjunto algunas fotos, pero prometo que no será el último post sobre la capital de Australia. A pesar de todo ha sido una visita muy interesante. Besos de Marta y Jorge
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