Vengo de leer una noticia que me hace reflexionar. Una noticia como otra cualquiera. Una asociación de familias numerosas de Madrid clama al cielo por la subida de las tarifas de aparcamiento en las zonas azul y verde de la capital previstas para monovolúmenes diésel en 2017. Según dicha asociación, esto es un ataque injustificado en la línea de flotación de miles de familias. Y yo que soy un pequeño garbanzo insignificante en este planeta me pregunto, ¿de verdad no vemos el bosque? Resulta que vamos montados sobre una roca que gira sobre sí misma a más de 1.000km/h por el espacio y lo más importante para mí ¿son las tarifas de la zona azul? ¿Cuántas horas amigos lectores os pasáis aparcados en dichas zonas en vuestra vida? ¿Cual es el aumento de coste por familia al año, 10€?
Esto me permite asomarme a lo que realmente me preocupa a día de hoy, 10 de diciembre de 2016. Me preocupa, y lo he comentado ya alguna vez en estas líneas, que quizás la persona más brillante de este planeta hoy, ahora mismo, hombre o mujer, esté muriéndose de hambre en un secarral subsahariano. Quizás él o ella, sean capaces de inventar la energía del futuro, la tecnología que permita salvar miles de vidas, etc; y sin embargo quizás no tengan que comer, simplemente por haber nacido donde han nacido. Es simplemente inaceptable, incluso desde el punto de vista del más salvaje de los capitalismos. ¿Qué hacemos para evitarlo?
Me preocupa cómo educamos a las generaciones que vienen por detrás. La tecnología va mucho más deprisa que los procesos educativos. ¿Somos realmente conscientes de que alguien que no sepa programar un software en un futuro no muy lejano puede que sea 'analfabeto'? ¿Somos conscientes de lo necesaria que es la inteligencia emocional, o que en un mundo dominado por las máquinas deberemos ser más creativos? O simplemente que la educación es el mejor ascensor social que se ha inventado para aquellos que empezamos el camino de la vida unas casillas por detrás de los más pudientes.
Me preocupa que no seamos conscientes de la revolución tecnológica que se nos viene encima. La automatización y digitalización del mundo del trabajo (yo trabajo precisamente para ello) va a suponer un impacto tremendo en cómo trabajamos y cómo aportamos valor a la sociedad. ¿Cómo nos vamos a integrar con la inteligencia artificial que van a traer las máquinas? ¿Qué aportaremos los humanos?
Me preocupa el adelgazamiento a pasos agigantados de la libertad de las personas. En realidad, y si lo pensamos bien, la libertad individual se basa en el control de nuestra intimidad. Pero si lo reducimos más, ¿qué es la intimidad sino la gestión individual de nuestros datos? Imágenes, documentos, cartas, memorias, vivencias personales son lo que realmente nos definen como personas. Y sin embargo la tecnología hace que cada vez esa barrera de libertad se haga más fina. Nuestra vida está en las redes sociales, controladas por grandes corporaciones y gobiernos. El día que la tecnología llegue a leer nuestros pensamientos, y quizás ese día no esté tan lejos como pensamos, la libertad terminará para todos. ¿Dónde está este debate en la sociedad? ¿Hay algún mecanismo de contra-poder?
Me preocupa dejar un planeta lleno de mierda a los que vienen por detrás. Ya no es sólo el cambio climático, es la contaminación y destrucción que estamos dejando a nuestro paso. Leo un artículo en un periódico americano donde un estudio dice que para 2050 quizás no queden 'peces salvajes' en los océanos. ¿Sale este estudio en las portadas del telediario? Verdaderamente estremecedor.
Al fin y al cabo, me preocupa que estamos sumergidos en debates, perdón por el lenguaje, autenticamente 'gilipollescos'. Que aparcar un coche que además contamina una burrada sea caro, es una auténtica tontería y sin embargo es lo que llena todas las páginas de nuestros periódicos. Somos incapaces de ver la imagen completa de los problemas que nos rodean y nos peleamos por quien pone un garabato en una esquita. Y a ratos me pregunto si el verdaderamente raro soy yo con mis preocupaciones. Quizás se trate de vivir a todo trapo y que salga el sol por Antequera. O no.
Os quieren.
Marta y Jorge.
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