Llevaba mucho rumiando una entrada de contenido político. Mira que dije que no lo volvería a hacer, pero en el fondo lo hago para dejar plasmado en un papel lo que pienso a día de hoy. Me gustaría poder releer estas líneas dentro de treinta, cuarenta años y decirme a mí mismo; ‘vaya no era más que un cretino con pintas en aquella época’; o por el contrario decirme ‘caramba, ya hace treinta años llevaba más razón que un santo’. Quien sabe, pero una de las pocas ventajas de haber nacido en un país llamado, aun en septiembre de 2015, España, es que los temas con tintes políticos no tienen fin. Aquí va el mío.
Llevo viviendo fuera de España más de cuatro años y en este tiempo me he dado cuenta de que me siento profundamente español. No, ya lo he dicho en este blog muchas veces anteriormente, no es un sentimiento de banderita e himno, ni un sentimiento de superioridad respecto a otros pueblos, no. De hecho si lo pienso detenidamente, he comido muchísimo más sushi o ramen en los últimos cuatro años que cualquier otra cosa. Sin embargo, para mi simplemente ser español es reivindicar que somos tan analfabetos como los demás, tanto como lo son, aunque ellos presuman de lo contrario, anglosajones, franceses o chinos. A pesar de ello, y aunque intente hacer esfuerzos, no entiendo a mis compatriotas. ¿Será por ello que cada vez más mis amigos me dicen que me estoy volviendo un guiri? Quizás. En cualquier caso, esta entrada bien la podría haber titulado como “Analfabetos”, por una sencilla razón, lo somos, yo el primero. No, no me estoy refiriendo a saber leer o escribir, si no a tener un mínimo de espíritu crítico con la propaganda que nos lanzan a diario. Hoy, la noticia estrella es que hay refugiados que vienen de Siria, pero querido lector, ¿has oído a alguien preguntarse quién está detrás de la guerra allí? ¿Quién paga los flamantes todo terrenos y el material del que disfrutan los terroristas que siembran el terror en Oriente Medio? ¿Y quién les compra el petróleo? Como diría, il capo di tutti capi, Jordi Pujol, això no toca.
Aquí es donde quería hablar de España, país que se enfrenta cara a cara con el que bien podría ser el match ball más importante de su reciente historia. Me mojo en estas líneas y pienso que la Transición fue un cambalache, un pacto entre las oligarquías (incluida la muy burguesa catalana que llevaba bajo palio al dictador al Monasterio de Monserrat) y cuatro trepas que pasaban por allí. El día que investiguen a Juan Carlos I por las (supuestas) comisiones que se ha llevado toda su vida con la compra de petróleo, empezare a creer lo contrario. En cualquier caso, no nos engañemos que ya somos mayorcitos, así funciona el mundo. ¿O es que acaso los pringados del mundo pintamos algo entre las élites de Francia, UK, USA, Australia, Rusia o China? Aún con todo no hay una alternativa real. Podremos aspirar a mejorar y darle un balón de oxígeno más grande a los más necesitados, pero nada cambiará mientras seamos los humanos los que estamos al mando. ¿O acaso en el país comandado por el conductor de autobuses que habla con los muertos a través de pajarillos no hay dos jetas que son los que cortan el bacalao? En cualquier caso y volviendo a casa, las dos Españas no son tales porque resulta que al final todos viven en Pozuelo de Alarcón o de la Diagonal para arriba. Por un lado está la derecha española que no entiendo, con esos complejos de no se sabe muy bien qué. No entiendo por qué en España no existe un partido de corte liberal sin ambages, porque bajo mi punto de vista ser liberal no va necesariamente unido a ser del Opus Dei y a denostar a los homosexuales. Me hastían los patriotas de boquilla a los que se les llena la muñeca de pulseritas con la bandera de España y luego firman el pacto del Majestic con el capo di tutti capi para agarrar el sillón. Me hastían todo ese tejemaneje de grupos de poder que os lo inunda todo, que si Opus, que si Kikos, que si aguirristas, etc y que solo están ahí para chupar del bote. No amigos de derechas, os importa un pito el futuro y el bienestar de los ciudadanos de este país, solo queréis estar agarrados a la poltrona y lo peor de todo es que consideráis a los que no son de vuestra cuerda unos desarrapados. Criticaros no significa necesariamente que ser un perroflauta. Vuestro amor a la poltrona es repugnante, aunque compartido por los amigos de la izquierda española, término este discutido y discutible, porque si entiendo poco a la derecha española, menos aún a la izquierda. ¿Qué plan, estrategia tiene la izquierda para España? Me confunden: país de países, país de naciones, país de cabildos, federalismo asimétrico, conjunción estelar planetaria… ¿Se puede ser de izquierdas y defender a la oligarquía? Ahí están las CUP en Cataluña. ¿Se puede caer más bajo y defender modelos autoritarios? Ahí están los cachorros de la izquierda abertzale dando lecciones y carnets de demócratas entre los que han dejado vivos. No amigos de izquierda, no hay quien os entienda y criticaros no es condición necesaria para engrosar las listas del mundo facha. Me es imposible apoyar un proyecto que llama a cuidar a los más desfavorecidos con un brazo y con el otro a dar abrigo al capo Pujol. Lo peor de todo es que cualquier día de estos os dais un abrazo hasta con Jack el destripador si así lo necesitáis para agarrar la poltrona. Me quedaba creer en Julio Anguita, político integro donde los haya aunque no comparta con él muchas cosas; pero honesto y luchador. Por desgracia, al él también le vencieron los submarinos que llevaba consigo en IU y que se pasaron luego en masa al PSOE; algunos incluso del PSUC, que con una chaqueteria digna de prodigio, hicieron un tirabuzón más y han acabado en las filas independentistas. Tampoco le convencieron los paracaidistas venezolanos de Podemos llegados en los últimos años. Así amigos lectores, podríamos decir aquello de que de aquellos polvos estos lodos. España, esa dama a la que todo el mundo quería tanto, tanto, que entre todos sus amantes de pacotilla terminaron estrangulándola: 4 guerras civiles en 200 años, FILESA, GAL, fondos reservados, m’ hermano, Gurtel, Majestic, hablo catalán en la intimidad, el movimiento patriótico de liberación vasca, el Tinell, el Palau, Millet, Sumarroca, los ERE de Andalucía, los sindicalistas ladrones de Asturias, Bankia, el caso Campeón, el 3%, la mafia gallega de la coca, etc. ¿Alguien da más? Y todo esto a pesar de su legado cultural milenario, pasado como potencia mundial y envidiable posición geoestratégica en el mundo de hoy con más de 500 millones de personas en tres continentes que comparten un mismo idioma. Siempre me preguntaré cómo de todo eso hemos llegado a algo que bien describió el escritor catalán Joaquín Bartrina Aixemus allá por el siglo XIX:
Oyendo hablar un hombre, fácil es
saber dónde vio la luz del sol
Si alaba Inglaterra, será inglés
Si os habla mal de Prusia, es un francés
y si habla mal de España... es español.
No sé lo que depara el futuro, pero de algo si soy consciente, los problemas no se resuelven solos. Los árabes tienen un proverbio que dice algo así como espera sentado en la puerta de tu casa que veras el cadáver de tu enemigo pasar. Quizás tengan razón en que no hay que aventurarse precipitadamente, pero se acaban los minutos en este reloj de arena. Cerraré con otra frase histórica que pronunció Churchill y que viene al pelo para la situación de España hoy, no solo para sus élites, sino para todos nosotros en nuestro día a día cotidiano; no desde una perspectiva belicista, ni mucho menos, si no desde el punto de vista de no callarse debajo de tanta demagogia e injusticia:
Sometimes you have to choose between war and dishonour. If you choose dishonour, you will have war.
(A veces hay que elegir entre la guerra y el deshonor. Si escoges deshonor, tendrás una guerra).
Un beso familia.
Os quieren Marta y Jorge.
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