Una de las cosas que más me irritan últimamente es el uso masivo de la palabra ‘casta’. Según la Real Academia de la lengua española, RAE, la palabra casta posee las siguientes acepciones:
1. f. Ascendencia o linaje. Se usa también referido a los irracionales.
2. f. En la India, grupo social de una unidad étnica mayor que se diferencia por su rango, que impone la endogamia y donde la pertenencia es un derecho de nacimiento.
3. f. En otras sociedades, grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc.
4. f. Especie o calidad de algo.
5. f. Zool. En una sociedad animal, conjunto de individuos especializados por su estructura o función. Se usa en especial referido a los insectos sociales, como la obrera en una colmena.
Sin embargo, los sesudos académicos de la lengua española ignoran el significado que la palabra casta tiene en un pueblo llamado ni más ni menos que Colmenar Viejo. Como ya dije en un post anteriormente, la sociedad colmenareña es un tanto peculiar. Bueno en realidad no tanto y probablemente es quizás un reflejo de la sociedad española en general.
Colmenar a pesar de estar a unos treina kilómetros de la capital siempre fue un pueblo más de la sierra de Madrid. Si, quizás uno grande en tamaño, pero un pueblo. Tan pueblo como cualquier otro de Castilla o Andalucía. Los del baby-boom llegaron a Colmenar para convertirlo en su lugar de vacaciones hasta que el pueblo se transformó en la ciudad dormitorio que es hoy, donde una mayoría de residentes trabaja fuera del municipio. Los aborígenes de Colmenar, los que estaban allí antes de que todo esto ocurriera, los que se llaman entre ellos por motes familiares de orígenes remotos, los que hicieron dinero al calor de la burbuja inmobiliaria; esos siempre han denominado a los que fueron llegando después como ‘forasteros’. Es aquí, donde la RAE no ha llegado aún. La palabra casta, y en especial en su derivado cariñoso castita, lleva usándose en Colmenar desde que yo tengo uso de razón para referirse a un representante del genero masculino de 100% pura cepa colmenareña. Es mas, el uso del termino en sí, ya debería hace sospechar al interlocutor de que esta ante un 100% pure laine, como dirían en el Québec. Por ayudar a la RAE, destacaría alguna de cualidades básicas que caben esperar de un autentico castita: devoción total por la Virgen de los Remedios y las fiestas patronales, extraordinario fondo para y con las bebidas alcohólicas, amor por la tauromaquia y rechazo a todo lo que venga de los sospechosos tricantinos (hoy que estoy on-fire con los consejos, aquí va otro para Artur el astuto: ¡manda a la porra a ERC y lee mas sobre la historia de los independentistas de Tres Cantos si algún día quieres tener éxito!). Por eso me da rabia la moda que ha cogido el uso del termino en los últimos tiempos; rabia porque para mi, casta, siempre tendrá el significado que se le da en el pueblo que me vio crecer. Es mas, desde aquí reivindico su uso y por que no, algunos de sus valores y en especial la tirria hacia los tricantinos que nos miran como pueblerinos ;-)
Dejo la guasa y a mis paisanos tranquilos por un rato. Hoy solo comento la noticia que más me ha impactado en las últimas semanas y que quizás haya pasado desapercibida para el lector de este blog: el relevo del director de la empresa Indra. Vayamos por partes (dejo los nombres propios para abreviar). Al director de la mayor compañía de defensa española, lo han echado tras los múltiples intentos fallidos del gobierno. La razón última, era amigo íntimo de los antiguos dirigentes del principal partido de la oposición, partido que le aupó al cargo, y protegido del antiguo Rey. Así que el gobierno, a través de otro amiguete, presidente de la mayor empresa de telecomunicaciones española, ha puesto a un hombre de su confianza ante la mas que probable debacle electoral de este año. El presidente saliente de Indra, que bien podría ser todo un castita, se va con un pan calentito debajo del brazo y los chanchullos inconfesables de la Zarzuela, Pujolandia y de Mr X a casa y todos tan contentos. Y yo os pregunto, estimados lectores, ¿qué diferencia hay entre la antigua URSS y España? ¿Entre China y España? ¿Entre España y USA? Alguno pondrá el grito en el cielo. En efecto, hay muchas diferencias. En algunos ámbitos, ninguna y es lo que realmente nos cuesta aceptar. Realpolitik pura y dura. Luego hay que tragarse que si el sueño americano por aquí, que si el trabaja duro que llegarás lejos por allá y demás eslóganes con los que nos martillean desde pequeños. Algo tiene que cambiar en esta ciénaga. Algo. Aunque tristemente lo dudo mucho, porque todo este gran club de amigotes, la mayoría de ellos más que mediocres, no va a dejar que otros se coman parte de su pastel. Por eso tanto nerviosismo ante un viento de cambio. Además, ¿a dónde van a ir a ganar tanto dinero si no saben hacer la o con un canuto? Si es que esto lo veo en una escala más pequeña todos los días en mi trabajo. En el club de la corrupción, o de la mediocridad diría yo, se entra guardando la ley de la omertá. Una vez dentro ya puedes cometer todos los pufos inimaginables, que nunca te pasará nada salvo que pongas en riesgo la propia existencia del establishment y si no que se lo pregunten a Mario Conde, ¿verdad? Y así la rueda seguirá girando. Los hijos de los hijos de los que hoy están dentro seguirán entrando en este club selecto y así hasta el infinito y más allá. Creo que este va a ser de los últimos hilos que abro sobre este tema, porque lo veo tan claro, lo tengo tan presente en mi día a día, que ya no merece la pena que siga indagando en ello. De lo que no me cansare de escribir es de la necesidad de educar a los que vengan detrás en el pensamiento crítico. Quizás, y aunque algunos se empeñen en ello, los predicamentos de Karl Marx no sean aplicables a nuestro tiempo. Pero yo sí que creo que hay una lucha de clases, no entre obreros y burgueses, sino entre ciudadanos libres y el gentlemen club de la mediocridad. Entre cuidadanos honrados y reyezuelos chorizos. Las herramientas a este lado del río no son más que el pensamiento crítico y la honestidad. Y no callarse ni debajo del agua, añadiría yo. Algo tiene que cambiar, si; pero empecemos por nosotros mismos. Si lo único que nos importa es tomar una cerveza los viernes noche y una tapita el domingo para comer, entonces no nos quejemos de la falta de becas, de las colas de espera en el hospital y de que me bajan la pensión. Hay una cosa que si que comparto del pensamiento individualista anglosajón y es que tenemos mucho poder en nosotros mismos para remar en una dirección determinada. Ese es el camino. La casilla de salida no es igual para todos, algo que los creadores del sueño americano no aciertan a ver, pero hay que remar, remar y remar si algún día queremos ser verdaderamente libres y no simples lacayos de unos vulgares castitas (y aquí si que uso el significado de la RAE), de unos Saturnos que no dudarán en devorarnos a las primeras de cambio, si es que no escribimos ya estas líneas desde dentro de sus fauces...
Un abrazo familia.
Marta y Jorge.
"... hay que remar, remar y remar si algún día queremos ser verdaderamente libres ... " (y gracias por recordarme Wind Of Change). Besos. Loren.
ResponderEliminarCon esa misma frase me quedo yo!! Eres un fenómeno!!!!!!!
ResponderEliminarOs queremos!!!