Quizás sea un tipo raro, pero a ratos me sigue asombrando la naturaleza de la gente. A menudo para mal. Os cuento. Cuando tengo algo de tiempo me gusta echar una ojeada a periódicos de diferentes países y con diferentes líneas editoriales. Es algo con lo que disfruto. Nunca podré entender a la gente que sólo lee o escucha lo que se encuentra en su zona de confort. Como un corderito, sin salirse de su rebaño, sin ni siquiera tener curiosidad por lo que piensan al otro lado de la acera. A mi me gusta pensar que soy libre, libre de ataduras que me aten a ninguna losa. Aunque la calle sea muy fría sin el calor de un rebaño que te proteja, la sensación de libertad es indescriptible, fabulosa. Tan frágil que se desvanece en un instante, pero con un poso tan intenso que te empuja sin remedio a buscar más. Me ha llevado treinta años, pero ahora entiendo un poco a Nietzsche y lo que quería decir con su Übermensch.
En cualquier caso no os quería hablar de eso. Con motivo de la derrota de España en el Mundial de Fútbol de Brasil, he estado paseándome por un montón de periódicos digitales: elPais, elMundo, LaVanguardia, Le Monde, el Sydney Morning Herald, The Toronto Star, La Presse de Montréal, etc. Apesumbrado me he quedado con los comentarios que aparecían en dos periódicos en especial: LaVanguardia y L'équipe.
La gente se odia entre ella. ¿Por qué? ¿Qué te puede hacer llegar a un punto donde desees mal al otro? No lo consigo comprender del todo, pero los comentarios en las páginas de LaVanguardia y L'équipe sobre una noticia deportiva destilaban odio. Odio rancio. Odio incomprensible. Una cosa curiosa es que la gente se odia sin saber muy bien el porqué. Me recuerda al día en el que anuncié a mis compañeros que me iba de Alstom en Montreal. Trabajaba 12h al día y era el único responsable de mi área, que por cierto iba según el plan. Acepté una oportunidad mejor para mi carrera y lo único que acertaron a decirme mis jefes fue: ¡Español tenias que ser! Odio. Odio, porque se quedaban sin el negrito que les solucionaba los problemas, pero nunca entendí como su odio se centraba en mi nacionalidad. ¿Es que acaso soy mejor, o peor persona por haber nacido en España?
El odio es ridículo y si fuéramos maduros nos daríamos cuenta de ello. Me leí una vez un libro interesante , The Lucifer Effect, sobre un experimento que hicieron en la universidad de Standford sobre el tema. Aquí os dejo el link en español por si os pica la curiosidad:
En el fondo pienso que el odio viene del miedo. Ese miedo terrible a conocer al otro, a salirse del calor de nuestro rebaño. El odio es barato, cutre. No requiere esfuerzo. Andar el camino y ponerse en los zapatos del otro es duro y a corto plazo puede que ingrato. Pero si una lección me ha dado esta vida es que los atajos y el corto-placismo no funcionan. Nunca. Por eso, y aunque nos neguemos a creerlo, lo que se construye basado en el odio está destinado a desmoronarse en el largo plazo. No nos engañemos, todos tenemos nuestros demonios internos, pero deberíamos hacer un esfuerzo para dejarnos nuestras lentes polarizadas en casa por un día e intentar saborear un poquito de esa libertad sin ataduras, que te hace volar alto, muy alto.
Os quieren mucho.
Marta y Jorge.
PD: Con motivo del mundial de fútbol hemos colgado una bandera de España en casa. No por nada, solo para sentiros un poquito más cerca de vosotros. Ojalá llegue el día en que nos dejemos de pelear por unos trapos de colores. Aunque no será fácil. Los dueños de los rebaños seguro que no dan su brazo a torcer tan fácilmente. Y yo os propongo una última reflexión. ¿Nos hemos parado a preguntarnos el porqué?

Mientras exista odio en el mundo, los que gobiernan lo harán mejor, sin menos trabas. Al fin y al cabo si existiera una unidad habría revoluciones francesas en cada lugar del mundo a jajaja. Un claro ejemplo es lo que hacían los nazis con las personas que estaban en los capos de concentración. Les escondían los boles de comida y les decían que había sido su compañero para que se odiarán cuando habían sido ellos mismos. Al fin y al cabo no eran tontos, estoy segura que había más personas dentro del campo que alemanes vigilando, ellos mismos sabía que si se unián saldrían perdiendo por mucha metralleta en mato que tuvieran.
ResponderEliminarY eso e slo que pasa a nivel mundial, a pequeña escala es lo que pasa en España con el tema de las comunidades. Una gran mayoría de catalanes no querrán el independentismo, una gran mayoría de vascos no estarán de acuerdo con apolítica de su país y una gran mayoría de andaluces no serán tan caraduras como se dice. Pero mientras no haya unión se aseguran que no hay rebeldía.
Leer y viajar deberían ser asignaturas obligatorias en el colé!!!
Os quiero!!!