Esta entrada, bien merece esta canción:
No descubro nada a nadie si digo que no me gusta el fútbol mucho. Vale, reconozco que no se me daba mal de pequeño y que he sido más del Barça que Joan Gamper, pero esos días quedan ya muy lejos. Ahora pienso que el fútbol es un despropósito corrupto y de excesos sonrojantes. Sin embargo, sólo estando fuera de Europa me he dado cuenta de su dimensión como catalizador de emociones sensacional, bárbaro. Quizás no haya otro igual. Ni siquiera la religión.
Para muestra un botón. Esta semana iba en el tren de camino al trabajo, cuando los adolescentes situados a mi lado empezaron a nombrar nombres que me resultaban familiares: Casillas, Costa, Ronaldo, etc. Otros nombres, no era capaz ni de identificarlos como Illarramendi. ¡Y ese tío quién es! - me preguntaba a mí mismo. El caso es que si se preguntara a esos mismos teenagers australianos algo sobre España, o Madrid, lo más seguro es que no las supieran ni localizar en el mapa mundi; sin embargo, discutían alegremente la alineación del Madrid para la final de la Champions. Eso no es todo. Ya conté en este blog como estuvimos hablando del Celta de Vigo la noche en la que invitamos a una pareja de amigos de Corea del Sur. No del Barça o el Madrid, no ¡del Celta de Vigo porque allí jugaba un jugador famoso de Corea! Quizá sea un triste reflejo de la sociedad en la que vivimos, pero algo así solo lo consigue el fútbol.
También he llegado a entender la importancia que llegaron a tener las victorias del Madrid en la Europa de los años 60 entre los inmigrantes españoles en el extranjero. Aquello era su válvula de escape para darles en la cara a los mismos alemanes, franceses o ingleses que les miraban por encima del hombreo día sí y día también. Estaría bien que la escoria del alcalde de Sestao se fuera a vivir una temporada a ganarse la vida trabajando duro en Alemania, o en Suecia, o en Rusia, a ver como le trataban allí en su día a día por no ser 100% eslavo. Siempre lo he creído así y el tiempo me ha ido dando la razón. Viajar y vivir en el extranjero cura gilipolleces varias, entre ellas el racismo.
Bueno, no quiero desviarme del tema principal. Hoy es un día grande para Madrid. Así lo siento sin ser futbolero y viviendo en las antípodas. Me gustaría que lo fuera por motivos ajenos al fútbol, como por ejemplo por ser un centro puntero en educación e investigación, pero aún así no lo neguemos, es un día grande. Esa cuidad necesita darse conocer al mundo. Lleva una larga lista de gestores nefastos a su frente durante mucho, mucho tiempo. Os pondré un ejemplo. Leí el otro día que unos 700 millones de personas en el planeta Tierra conocen la ´marca´ Barcelona. Es impresionante. La mayoría de la gente con la que he hablado en América y en Australia que dice haber estado en España solo conoce Barcelona. Además como buen ejemplo de la farsa que es el nacionalismo catalán, y como ejemplo clarísimo de Realpolitik, Barcelona se publicita en el extranjero bajo la bandera de España, los pinchos y el cruce milenario de los pueblos y culturas que han pasado por la Península Ibérica. Es tan fácil como ir a la mayor librería de Sydney y coger al azar una guía turística de Barcelona. ¡Ay amigos, la pela es la pela! Sin embargo, la marca ´Madrid´ no la conocen ni la mitad de las personas que conocen la de Barcelona. Desde la capital, cuando sacas a relucir el tema, el personal sale por la tangente argumentando muchas cosas, pero lo cierto es que es un claro fracaso de sus gestores. Se necesitan ideas nuevas. Dinamismo, mejores centros educativos, actos culturales, mirar hacia Asia que allí está el futuro... Tendría mil ideas para mi ciudad, para que ese eslogan tan poderoso pueda volver a brillar como nunca: ¡De Madrid al Cielo!
Gane quien gane hoy, espero que el escaparate mundial del fútbol sirva para relanzar Madrid. ¡Ojalá pueda ver por la tele Lisboa engalanada con banderas españolas! Ojalá los aficionados sepan comportarse y dar ejemplo en el extranjero. Hace falta gente nueva al timón de mando de esa ciudad. Se lo merecen sus ciudadanos, porque aún quedan muchas heridas abiertas que cerrar.
Gene quien gane hoy, mañana luciré orgulloso la zamarra de la selección. Con el mismo sentimiento que lo harían los inmigrantes españoles en la Alemania de los años 60. Cincuenta años después, el mundo no ha cambiado tanto en algunas cosas.
Un abrazo familia.
Os quieren mucho.
Marta y Jorge.
Tengo que decir que a pesar de no ser futbolera, por cómo el negocio del fútbol borra otros muchos deportes mucho más sacrificados y duros que el fútbol, por la falta de facilidades que tienen los deportistas de elite frente a los niños de 18 que empiezan a cobrar por jugar en un segunda o regional...
ResponderEliminara pesar de todo eso he de decir que me deje llevar por el sentimiento futbolero de mi amiga alba y fuimos a celebrar la victoria al bernabeu. Allí estuvieron todos los jugadores, todos los aficionados, todo el bernabeu gritando, iluminado. Y amigos con los pelos como escarpias entendí por un momento lo grande que es el fenómeno del fútbol.
En fin, también seguiremos luchando referente al reconocimiento de los deportes minoritarios!!
Os quiero!!!