El otro día me sorprendí a mi mismo. Os cuento la historia. Hablando con un comercial me preguntaron, ¿y tú de qué parte de España eres? Para mucha gente esta pregunta igual tiene fácil respuesta; sin embargo, nunca la ha tenido para mí. Eso es lo que pasa cuando cada uno en tu familia ha nacido en un lugar distinto. Alguien me dirá que soy un poco exagerado, puesto que he vivido la mayoría de mi vida en Colmenar. No es así. Cualquiera que conozca un poco Colmenar, sabrá que a los que no somos de allí se nos llama 'forasteros'. Podrás integrarte más o menos en la sociedad colmenareña, pero siempre serás un 'forastero'. Nunca me importó, porque siempre quise mantener vivo mi enlace con la ciudad que me vió nacer a orillas del Mediterráneo. Sin embargo, treinta años después y a 20.000km de distancia creo que hice las paces con cierta ciudad. Pongamos que hablo de Madrid.
No os voy a engañar, hay muchas cosas que no me gustan de Madrid. No es especialmente bonita, la gente a ratos mira a los de"provincias" por encima del hombro y es grande y a ratos caótica. El estereotipo del "pijo" madrileño hizo mucho daño en mi subconsciente durante mucho tiempo. Todo eso es verdad, pero Madrid también es otra cosa. Amo andar por ella a pie, entrar en un bar cualquiera y tomar un botellín con algún amigo, los días de frío en los que el cielo es azul raso, descubrir un concurso de Trivial en el bar de la esquina, su gente sin pretensiones, la espontaneidad y tantas y tantas cosas. Me casé con una gata, de una familia de gatos. Gente humilde, trabajadora, generosa, alegre, espontánea y con carácter. Gente que va de cara en las buenas y en las malas. Me siento identificado con esos valores, los que me enseñaron mis padres. Allí no solo tengo a mi familia política, sino a mis padres, hermano, tíos, primos y amigos. Sí Madrid, he tardado un tiempo pero al fin estoy en paz contigo. Eres mi ciudad. No la del Barrio de Salamanca, ropa de marca, colegio privado, pelo engominado y pantalones de color rojo. No. La mía es la ciudad de las afueras, de levantarse bien pronto para ir a trabajar, la de estudiar duro, la ciudad donde nadie te regala nada. Nací en el Mediterráneo como Serrat, pero Madrid es mi ciudad y me gusta. Así se lo contaré a todo el que quiera oírme. Lejos han quedado los días del "de Madrid al cielo" por la tozudez de sus dirigentes, pero los "gatos" y los "adoptados" seguro que seguirán dando guerra. Algún día volveremos Madrid. Tengo una cuenta pendiente contigo. De momento la semana que viene estaremos allí de nuevo. Tengo ganas. Muchas. Como las de fundirme en un abrazo con los lectores de este blog.
¡Familia, nos vemos en una semana!
Os quieren. Marta y Jorge.
Sydney 1 de Marzo de 2014.
Bueno que puedo decir que no sepáis acerca de esta ciudad... Nuestra ciudad, mi ciudad. En mi caso todo se centra en Madrid, mi familia, mis amigos, mi vida entera ha transcurrido en sus calles, rincones, bares, centros comerciales, parques... Sin embargo existe un sentimiento de contradicción cuando salgo de ella y es que tengo la sensación de que podría sustituirla por cualquier sitio en el que me sienta acogida.
ResponderEliminarSin embargo, me basta darme un paseo por el barrio de los austrias o ver el atardecer desde el palacio real con los jardines de sabatini debajo, para entender que por muy lejos que me vaya, por mucho tiempo que este fuera y por muchos sentimientos contradictorios que pueda tener, es mi lugar. Es ese lugar que me hace sentir en casa, donde podría contar muchas anécdotas vividas en pleno centro de la ciudad.
Desde fuera pareceremos chulos, prepotentes, altaneros...puede ser pero la vida aquí no es facíl, no es facíl acoplarte a un ritmo de vida en ocasiones vertiginoso. Por ello yo siempre digo que Madrid gusta a los madrileños porque a pesar de que todo el mundo va con prisas a por el metro, tiene millones de roncones que te sorprenden pero que hay que saber apreciarlo.
Es más, recibimos criticas injustas porque al final gran cantidad de gente viene a la capital a probar suerte y yo creo que se les acoge con los brazos abiertos.
Una amiga mía dice que no se puede estar orgulloso del lugar donde naces porque es una cuestión de suerte. Puede que tenga razón, pero sí puedo decir que me gusta y que aunque me mueva, salga y entre, sé que nunca encontraré un lugar que me haga sentir como en casa tanto como Madrid.
Os quiero!!1